Vendedordepiedras

En la ciudad Mercazul hay mil millones de habitantes. Desde mi ventana solo puedo ver unos cuantos cientos de miles en las caras de unos diez o veinte (porque hay clones de cuerpo y clones de alma, desde que se legalizaron las abducciones de espíritu).

Ahí está el Vendedordepiedras. Era bueno conversar con él, antes de que montara su tienda de piedras. Hablaba de los sedimientos como si fuera la cosa más apasionante del mundo, así que una se interesaba y acababa viendo con interés a las piedritas dispuestas en su caja. Pero puso la tienda, empezaron a tratarlo como experto y ahora se dedica a descalificar las piedras preciosas de los joyeros: que si qué tontería pagar tanto por algo, que si el gusto por el brillo solo nos recuerda que somos primates... unos cuantos miles de amigos le aplauden sus frases medio agudas; como son clones clase B, no les alcanza la memoria para notar que aplauden la misma frase del mes anterior. Porque el Vendedordepiedras es el mayor repetidor de la ciudad; todos son repetidores, pero el Vendedordepiedras, el que más.

Silvia Parque
Publicado originalmente ACÁ.

"Contra la evidencia, el sentido"

Un muy breve texto que publiqué AQUÍ, en el 2012. Inicia así:

"Hubo un hombre llamado Jacques, que supo algo del amor"

Recuerdo que ese año estaba amando a un hombre...

El sí de las niñas

Apenas la semana pasada leí "El sí de las niñas", de Félix Rebollo Sánchez.. Aunque la obra fue publicada en 1805 y nuestras costumbres son muy diferentes a las de aquellos años, lo siguiente, puesto en boca de  "Don Diego", no nos queda lejos:
Ve aquí los frutos de la educación. Esto es lo que se llama criar bien a una niña: enseñarla a que desmienta y oculte las pasiones más inocentes con una pérfida disimulación. Las juzgan honestas luego que las ven instruidas en el arte de callar y mentir. Se obstinan en que el temperamento, la edad y el genio no han de tener influencia alguna en sus inclinaciones, o en que su voluntad ha de torcerse al capricho de quien las gobierna. Todo se las permite, menos la sinceridad. Con tal que no digan lo que sienten, con tal que finjan aborrecer lo que más desean, con tal que se presten a pronunciar, cuando se lo manden, un sí perjuro, sacrílego, origen de tantos escándalos, ya están bien criadas, y se llama excelente educación la que inspira en ellas el temor, la astucia y el silencio de un esclavo.
Cuánto sigue entendiéndose la "educación" como el proceso de sometimiento al que manda...