Sobre lo que dan los padres, lo que hace falta, y la falta misma

La falta imprescindible

¿Qué me habrían de dar? Ni siquiera mucha televisión. Más bien, la educación que hubieran querido para sí mismos. Como hijo de huérfanos, me querían siempre a la vista, pero rara vez estuvieron por ahí.

Ahora mi hermano, el loco, vende mariposas; yo junto corbatas y el pequeño escribe mucho, sin ortografía. Hace quince años, cualquiera habría querido lo que nosotros teníamos (de preferencia pre-heredado, y sin tener que tratar con alguien de nuestra familia).

Luego, me quité el nombre. Compré un par de botas, tras reparar y reparar las primeras. Trabajé haciendo de todo, hasta cansarme. Ni modo que hubiera horizonte. Me voy extinguiendo, con risa, cada día más cuerdo. Pero este hueco es prueba fundamental de que existo. Nadie va a tocar este vacío, ni para hacer limpieza.

Luis Kimball


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¿Qué es un testimonio?

Aquí el link a la versión digital del número 42 de Yo no soy un rebelde. En la página tres, Kimball presenta los textos de Shaib; dice: "Este es el primer testimonio literario, crudo y fatal, de una víctima". Y eso son, los ocho poemas.

por Shaib Montes

En este número de Yo no soy un rebelde, diabólico, publica una persona que está muerta. Iba a escribir: "publica un amigo mío...", pero no era amigo mío, en realidad; era amigo de Kimball; sin embargo, mi camino se cruzó con el de esta persona, de modo que me importó especialmente su muerte. Digo "publica", como algo que él hace, y no "se publica", como algo que se haya hecho con sus textos.

Agradezco sobremanera al editor, esas dos páginas. Léanlas. [Creo que debería decir "por favor", pero no quiero.]

En rojo

Realmente vistoso el nuevo número de Yo no soy un rebelde... "Publicación diabólica de San Juan del Río".

Nueva versión de poemita recién publicado

Luego de años en los que vivió guardadito en la carpeta "786" -a la que tengo acceso-, A los que son o digo que son mis amigos fue leído en este blog por su autor. Kimball lo retrabajó, y quedó así:

A los que son o digo que son mis amigos

De sol a sol
Tengo esto
Luego un poco de descanso para mis ojos
Al caer las horas de la noche

Una muchacha que amanece
A la que debo entender como esposa
Y un levantarnos reposado
Mientras veo su pijama

Una historia incomprensible
De los pueblos cercanos al camino
Cuando escucho su música en la carretera
Mientras gano algo para que vivamos juntos

Un deseo creciente
De lo que no seré
Y amigos entrañables
Que no hablan por teléfono

Que ya caerán cuando vean
Que nuestra luz se ha ido extinguiendo
(Que no sea otro velorio
El que me dé el resumen de sus últimos años)

Luis Kimball

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Otro texto viejito, y también sobre los amigos, sobre uno en específico

Atributo

El modo en que el entendimiento percibe la esencia de una sustancia se denomina atributo. Spinoza
Pues yo lo que siempre he dicho, es que mi mejor cualidad son mis amigos. Sergio Alejandro M.

Cuando Alex me presentó la poesía de Sabina:
- ¿Sabines?
- No, no, no. No soporto a los poetas priistas, chillones, con un hermano gober del estado de Chiapas... no güey - se rió- oye esto -dándome sus audífonos.

Más de diez años después, convertido en sabinólogo, se va a pistear con el objeto de  estudio, y quesque son cuates. Pero yo lo conocí ocho discos antes, como estudiante en la facultad de derecho, citando de memoria a la seño de la cafe.

Me casé. Él puso -¿tuvo?- una pecería.  Ya no disputamos ni negociamos los brazos de Adriana (que no había aparecido por significante).  Joaquín Sabina entró en coma, despertó y conoció a Sergio (ahora “Alex”).

[Yo aún trato de escribir como Sergio, él de no parecerse tanto a Joaquín, y Joaquín de volver a ser Joaquín.]

Luis Kimball

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Otro texto con intención de misiva, éste de hace como cinco años

A los que son o digo que son mis amigos

De sol a sol
Es lo que tengo
Más un poco de descanso para mis ojos
Al caer las horas de la noche

Una muchacha que amanece
A la que debo entender como esposa
Y un levantarnos reposado
Mientras veo su pijama

Una historia incomprensible
De los pueblos cercanos al camino
Cuando escucho su música en la carretera
Mientras gano algo para que vivamos juntos

Un deseo creciente
De lo que no seré
Y muchos entrañables amigos
Que no hablan ni por teléfono

Que ya caerán cuando vean
Que nuestra luz se ha ido extinguiendo
(Que no sea otro velorio
El que me dé el resumen de sus últimos años.)

Luis Kimball


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El planeta salvaje

Últimamente, Kimball me ha compartido animaciones del siglo pasado, de diferentes países. Dan para pensar, y algunas son tan buenas, que estoy resituando el lugar de la animación en mi catálogo-personal-del-mundo.

Hoy me sugirió buscar "El planeta salvaje" (de René Laloux) en Youtube, y he tenido setenta minutos que desquitaron con creces cada segundo invertido.

En tiempo real

Kimball tiene su "cuaderno de comentarios". Se ríe de que yo publique que lo tiene. Hace gestos porque escribo que se ríe. Pero es que es un cuaderno interesante; yo haría un ensayo de cada nota... quién tuviera un año sabático, bien pagado... o un día de cuarenta horas... o buena administración del tiempo...

El teatro del mundo es muy pequeño

Buscaba algo más de Abraham Magaña en la red, y me doy cuenta que en realidad lo oí por primera vez en El fantasma de la Ópera. Recuerdo el estremecimiento.

Carta fechada el día de su boda, para uno en peligro de contraer matrimonio

A mi amigo Víctor
                                                                                                                            21 de diciembre, 2002

      Es inútil, Víctor, si no vergonzoso, encontrar razones para concebir un hijo. Buscarlas, no; pero encontrarlas es obsceno, antisocial. Esto no quiere decir que debas salir del juego de lógica y costumbres en que las personas se fecundan con alegría relativa… lo cual no da sentido a nuestros actos, solamente dirección.
     En el principio era la tierra, lo sabes; luego enfermó y del pus emergimos nosotros; luego, le hemos limado barros cicatrices y glóbulos sucios; la llenamos de polímeros hasta el techo -con albur-. No habría visto tantos colores sin nuestra cooperación.
     Ella es su propia enfermedad, nosotros, como toda la gente, un síntoma que ha construido pirámides. Te digo que decidió quedarse con nosotros para justificar su hipocondria. ¿O que no estaba jodida, al fin, desde el principio? Que ni se haga; le pertenecemos, inteligencia y todo -si eso significa algo-. Lo demás bien puede legislarse en el apartado: “Cuando las personas pierden su condición de personas”. En terrenos de la propiedad, un segundo piso donde tomamos café y esporádicas mujeres, te dará un buen ejemplo de ello.
     Sin embargo, nada sucede; el universo apenas y se mueve cuando uno lo mira, para que uno lo mire. El cielo es el espejo de uno, loco, rompiéndose la tatema, preguntando: ¿cómo será esta madre de mi hijo? Natural o lógica: el crío la consumirá, o ella se alimentará de él; pero lo más animal que pasa es que desde ese momento se juran traición -como buenos amantes-.
     Por eso, amigo Víctor, ríe antes de que tramen incrustaciones lucrativas en contra de tu piel; antes de que la bilis de esa buena esposa destruya tu vesícula, pues el placer, en lo profundo de nuestros  actos irreverentes contra la propia condición de solteros, es preferible a la mezquina redención del consejo. Antes y después del pozo, está el silencio; procura no llegar ahí. Ya eres tierno, ¡imagínate con la cabeza rota! (Hay que vaciar la risa en nuestra caja, para hacer un hoyito al placer de la familia; la ironía te servirá al menos para cavar un poco en caso de lo que sea, a mí no me es posible ir más lejos tierra abajo.)
     Procura limpiar bien tu estado de ánimo, la conciencia déjala como está, ni tiene arreglo, ni debe tenerlo. Sólo recuerda: que ese niño y madre, te dañarán menos si están cómodos.
                       Tu amigo que te estima: Luis
Luis Kimball

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Sobre una desolada ciudad casi desértica

En la entrada de hoy de Auraed, Jesús Chávez Marín publica una nota de octubre de 1990, en la que habla de la destrucción asociada al afán urbanista. Parece que vamos destruyendo y afeando algunos lugares...

Lectofan publica, el sr. Kimball opina...

Debo señalar que Kimball es suspicaz respecto a la campaña "Kony 2012", emprendida por la organización Niños Invisibles. Con sensatez, recuerda las "legitimaciones" de las que se ha valido el tradicional intervencionismo estadounidense. Según publica El Universo, otros han criticado la campaña, y la Organización responde a través de un video; aquí el link a la noticia.

No le va lo positivo, pero sí la caída

Decía Kimball, hablando del Árbol de la vida: "Me encanta cuando una persona llega a su intensidad, a cosas terribles como la revolución, como esos pensadores de la construcción positiva cuando se derrumban..."

Que'sque de músico, "poeta" y loco...

Hace más de 20 años, Edgar O'Hara publicó "Los límites de la imaginación", en el Boletín Cultural y Bibliográfico del Banco de la República Colombiana. Aquí el enlace para leer el texto completo. A continuación, un fragmento especial:
Supongamos —amigo lector, amiga lectora— que con cierta regularidad vamos al mercado a "hacer la plaza", esto es, a comprar provisiones para el bitute familiar. Supongamos que tenemos en el mercado una casera, es decir, una señora que tiene un puesto y a la que le compramos semanalmente con una fidelidad casi religiosa. Nuestra casera nos engríe y nos vende el kilo de papas más barato que la casera del puesto de al lado (aunque tal vez nos cobre el doble por el kilo de arvejas, pero quién sabe). Nuestra casera, pues, ha ido metiendo las verduras, las menestras y la fruta en la bolsa de yute con asa, al tiempo que llevaba en un papelito la cuenta. Supongamos que al final de la compra nosotros chequeamos con la señora la operación, a ver si coincide la cifra de su papelito con la del nuestro. Que la suma; que la resta ("un descuentito, pé, tía, ¿o ya se olvidó que soy su casero preferido?"); que los quebrados (ese cuarto de kilo de albahaca y los dos tercios de nísperos, maduritos). En fin, supongamos que durante un año guardamos en un cajón del escritorio esos papelitos. Ahora bien, supongamos que además se nos ocurriera publicar esos papelitos —monumentos todos al tempus fugit del saber humano— en un libro, a papelito por página. Pregunta que cae como la pera madura de la canción aquella de nuestra juventud florida: ¿publicar esa colección nos convertiría en matemáticos?

¿Ya sabes quién es Joseph Kony?

Entonces sabes quienes son los "niños invisibles" de Uganda. Tal vez no haya mayor violencia que hacer pasar a alguien por inexistente...

Por una rubia semidesnuda

Kimball lee "El parque de los ciervos". Además lo lee con interés y dice que está bueno. Dice que el autor es bueno. Dice que es importante, y que de verdad es bueno. Como para que yo escriba tres veces en esta entrada "bueno".

Pero no puedo superar el prejuicio. No es porque el libro diga Bestseller mundial; muchos "muy vendidos" me gustan (además, es de editorial planeta). De hecho, no tendría que ser bueno para gustarme, me gustan muchas cosas que no son "buenas". Tiene que ver, tal vez, con las letras rojas medio redondeadas del título; pero sobre todo, con la mujer semi desnuda de la portada. Y no es que tenga nada en contra de los cuerpos o de la exhibicióon de los cuerpos. Es que una rubia artificial con la pierna alzada en una silla de director... Tampoco es algo contra el cliché. Hay quien hace maravillas con el cliché...

El punto es que me llama la atención el interés del señor Kimball. Así que aprovecho que dejó el libro por aquí:
Brillante novelista e ingenioso periodista, Mailer se ha consagrado como el escritor actual más combativo e independiente. Desde sus primeras narraciones breves que escribió mientras estudiaba en Harvard, hasta sus obras más recientes, siempre ha suscitado fuertes reacciones entre sus lectores y controversias entre los críticos. "El parque de los ciervos" no constituye una excepción. Se trata de una novela en el mundo de Hollywood llevada hasta sus últimas consecuencias. En ella se refleja la vida frenética y obsesiva, y las costumbres dominadas por la sexualidad de Desert D'Or, una ciudad situada a unos trescientos quilómetros de la capital de la industria cinematográfica. En su calidad de partícipes y víctimas del poderoso engranaje del cine, los personajes de la obra buscan el éxito a cualquier precio, prescindiendo totalmente de la moral y de la honradez. Sólo un escritor dotado del talento de Mailer podía lograr una novela tan amena y profunda al mismo tiempo.
Bueno, pues le paso al editor el quilómetro con "q" -ya sé que la RAE se lo pasó antes que yo-, le paso también lo de "narraciones breves que escribió" -ya sé que no es redundancia-, y me quedo con la promesa de las faltas a la moral. Voy a la solapa y ya me siento mal. Mailer ma mira con cierta rudeza... fue a la guerra, ganó dos veces el Pulitzer... el epígrafe es de André Gide...

Vaya, pues.

Saber o no saber

Luis Kimball llegó a la edad adulta sin conocer la diferencia entre un hipopótamo y un ser humano. Afortunadamente, antes de que se terminara el siglo pasado, un literato políglota arremetió contra semejante ignorancia, y terminó con ella.