Soy una cucaracha que fue un perro

Si me hago un ovillo, acaricias mi lomo; si doy brincos, miras con desconfianza y reconvienes mi alteración.  Nada más era una cosa la que necesitabas: una sola cosa; no puedo hacerlo, pero cuando pude, tampoco sonreías.

Un día, cuando me canse, voy a irme. Ahora voy al veterinario.

Él corta la cola; inyecta algo para que no se mueva lo que queda de rabo. Cambia el bozal por un collar que lastima si se escapa un ladrido. Y llegando a la casa me dices: "ya no eres un perro".

Sé que algo enorme va a venir a cortar mis patitas, a deshacer las dos alas brillantes que protegen mi abdomen. Sé que todo lo blanco que llevo dentro se va a desparramar. Pero ahora voy nada más a meterme aquí donde hay mucho oscuro, a ser nada más el bicho en que me he convertido.


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Por Silvia Parque; licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-SinDerivadas 2.5 México.
Haciendo ajustes en BoosterBlog.

Lista de cosas queribles:

  • Descargar los hombros y que los brazos caigan sueltos, sin que el cuello pese.
  • Contar con una misma, dar valor a la palabra propia para actuar en favor propio.
  • Desprender el miedo que cubre a las cosas que gustan, que esperan; ir a tomarlas.

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Destacada importancia de la lavadora en la vida doméstica

Lavas la ropa. Él escribe en orden alfabético, los secretos de la quinta dimensión que descubrió anoche, funando -habría llegado a esto años atrás, de no haber sido porque lo jodiste con que no fumara-.

Mientras giran las aspas de la lavadora, doblas los calcetines limpios que ya están secos. Él se detiene, se levanta; lo sabes porque miras de reojo. No es el momento. Se sienta otra vez a lo que importa y lo tuyo no urge, es lo de siempre.

¡Ahora! Te ha dado cinco minutos antes de irse.

- Si quieres que no te hable así, no vamos a hablar.

Y valoras,  mientras desapareces, lo bueno que es tener la ropa limpia, aunque haya cosas más importantes en qué pensar.


Sobre la sombra de la duda o qué hacer con un canario escondido en un saco

Vas a lavar y salen plumas amarillas de las bolsas de los pantalones. Vas a buscar un bolígrafo al escritorio y encuentras plumas amarillas que se te quedan pegadas entre los dedos. Piensas: "esto es de algo emplumado y amarillo".

- Mi vida, ¿tienes un pajarito?
- No.
- No podemos tener pajaritos porque dejan todo lleno de plumas. Te dije el otro día que...
- NO tengo un pajarito.
- Pero ¿has estado cuidando al pajarito de un amigo?, porque hay plumas por todos lados...

BLOG RENOVADO

Abrí este blog como un espacio para complacerme hablando de mi escritor favorito, así que se llamó como él: Luis Kimball

A pesar de que al susodicho siempre le apenó tal homenaje, tuvo -tiene- la amabilidad de permitirme publicar algunos de sus textos -que pueden encontrarse en la barra lateral, bajo la advertencia: "CLICK IMPORTANTE"-. A pesar de incomodarle que publicara cosas que él había dicho o hecho, tuvo también la tolerancia para no pedirme que eliminara esas entradas. 

¡Fue un placer! Soy su fan.

Ahora el blog empieza un nuevo ciclo, con nuevo nombre.

Frases de gente muy conocida

Lista de libros y un apunte

Los libros verdes y los libros azules.
Los libros deshojados y los libros nuevos.
Los libros que no he leído, y los que ha leído tres veces.
Los que se metieron en la cama.
Los que no vamos a escribir.
Los que se fueron.

Los libros que aplastan un papel para quitarle las arrugas.
Los que guardan algo.
Los que no recuerdo.

Lo que no menciono que hace con ellos.

Tallar un pedazo de madera

Kimball tiene una escultura de madera en un trozo de tronco de árbol. Ahora va a tallar para sacarla de ahí. Le gustaría tener herramienta apropiada, pero lo hará con lo que haya cerca.

A veces me puede el trozo de tronco, tan bonito como es siendo un prisma rectangular, pero un prisma rectangular todo lleno de madera, todo él madera. A veces me puede su espera, que lo mantiene en un rincón.

El estruendo

Entre las gracias de Kimball figuran sus dotes mercantes. Comúnmente, merca libros, y sobre todo, libros singulares: primeras ediciones, ediciones terminadas, y cosas por el estilo. Así llegó a mis manos lo que parece ser la real-primera publicación de Miguel Onamido, que no es Las casas viejas se comen a sí mismas, sino un  relatito que casi no parece ciencia ficción: El estruendo.

La contraportada indica que Onamido tenía diecisiete años cuando escribió el relato -publicado dos años después-, y la verdad es que se nota -no por algo bueno-; pero no deja de ser Onamido.  Cito: