Lectofan contenta

Par-tres cierra el año publicando una antología de diez textos, dos de ellos, de Luis Kimball y Silvia Parque.

Un texto sobre la vida, el amor y todo

De cómo entré en el álgebra superior

La ironía de la vida es en realidad el hombre.

El ingeniero Barrón me sacó de los escenarios. Me dijo que no estábamos solos, que en cada acto del universo confluyen todas las variantes que seamos capaces de deterimar y sobre todo, las que no. Por ese tiempo me abrió las puertas del álgebra, y para variar fui el mejor: como un rayo X, veía el valor de la variable detrás de cada ecuación. Se me dio igual de fácil que la poesía. Y aunque fundamentalmente no creo en la indispensabilidad de la idiosincracia, comprendí que en una mecánica superior también existía la integridad.

Hay una especie de poema de José Emilio Pacheco -que también es uno de mis personajes-, que anuncia desde el título que contiene dos variables más un logro que se convierte en un milagro y que es muy básico -hasta donde ambos lo podemos explicar-, por eso lo llamo "una especie". Pero el Inge llegó más lejos, y entendí cuánto amor oculta, qué nivel de desprendimiento alcanza quien es capaz de apreciar un símbolo de un sistema que sabe autosustentado, de un lenguaje en sí y en todo abstracto.

Cuánto entendía. Qué poco sabía de la vida. Como un creyente preliminar de todo. No como el escéptico ilógico con ñoño respeto por la ciencia.

Luis Kimball


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Un texto sobre lo simultáneo

Foto dúplex

Que cómo era posible
que aparte de todo
regresara de La Habana
con una fotografía abrazado a Silvio.

No tiene tanto de extraño, Saúl;
para esa foto necesitas
gastarte al menos un pasaje a Cuba.

Al que sí de seguro
le costó más trabajo llegar a la foto,
fue a Silvio Rodríguez.

Luis Kimball


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De la televisión

Kimball, menos televidente que casi cualqueir persona que conozco, sabe demasiado de la familia Alcántara, protagonista de Cuéntame cómo pasó, la serie favorita de TVE.

Según Wikipedia, Irkalla es la "tierra del no retorno"

Irkalla (Casa de Julio)

     Cuando llegué, Julio estaba dormido. Tenía todo lo que recuerdo que tenía cuando éramos niños, y más juguetes, amarilleados.

Por comprobación y desconsuelo, después de viajar tanto y estudiar, era pobre como yo, y las plantas inundaban el patio. Un patio con fuente en el que están muchos años -en esto son iguales las casas de mis amigos: el tiempo no tiene salida-.

Me sorprendió comiéndome sus galletas en lo que buscaba ropa para bañarse (mi familia vivió ahí cerca y ambos tuvimos de todo).

Seguí queriendo reponer el lazo mientras abría la reja del patio de la fuente. Los gatos aún estaba ahí, ya con los pelos oxidados y llenos de telarañas, poderosamente eléctricos, alrededor de mi amigo y su calma inaudita.

Uno pierde, seguro; pero no es nada cuando estás solo; hablando contigo como un sabio que tolera las preguntas de un campesino.

La casa de Julio no tiene salida, y por más que se ha esforzado en marcar, es evidente que el cable no sirve.

- A ver si estas pilas funcionan en el control de la video. [Beta]

Hacer de cuenta que no hice esta visita.

Luis Kimball


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¿Será?

"El silencio de los envidiosos es el mejor elogio al que puede aspirar un autor." Santiago Ramón y Cajal

Kimball me dijo un día: "puedes decir lo que sea cuando escribes"

Decir la verdad

     Llevo semanas durmiendo en las ruinas de un edificio
[moderno.
Es más fácil mentir en habitaciones pequeñas
Llorar cuando los muros se esconden en lo obscuro

     Seis de enero del 2000
El miedo es una falla en el octavo piso
Abierta
     Cubriéndose de aire.

Es más fácil decir la verdad.

Luis Kimball


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Empezando "El buen fin" del año, un textito promocional

A la que corresponda

Es un gran negocio, si apenas me haces tantitito caso, te escribo un libro de poemas, pregúntale a Iliana.

No, no una "novela", pinches porquerías de trama. Eso de la prosa es vil prostitución del mercado. No sería capaz de ofenderte de ese modo... se quedaría en pura promesa. El arte prosaico sólo puede ser puro si es dedicado a un público en general, como árboles o plantas; hacerlo de otro modo sería ensuciar el nombre de la que fuera la afortunada amada: como para que se la tope una sorprendida Beatrice en las rejas del confín del paraíso y una de sus amigas la tome del brazo y se la lleve, para que no vea como la pobre puta caída en prosa se va yendo al infierno. No; para la gloria - la gloria, mi musadorada de níveos muslos: el verso.

No es un trato, es a lo que llamo una ganga, un regalo (sin firmas, ni pendejadas que ofenden la dignidad humana). Tú dices, que estoy listo.

Luis Kimball


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Otra lectura

Kimball me cuenta lo diferente que es su nueva lectura de Las Memorias de Mamá Blanca (UNESCO-CONACULTA, 1988).

Un poema de los que siento en el cuerpo

Con la mitad de los sentidos

Con la mitad del tacto
La mitad del oído
Medio boleto,
la mitad de ti.

Nuestra media vida
La vista nublada
Y menos de medio tanque de gasolina.

La mitad de las llamas
Comen la mitad del amor
A medio camino
al sol con el auto descompuesto.

Un alacrán juto a la llanta
-saco el gato-.
Polvo, la mitad de una canción
apenas la melodía.

Con todo el cielo
Todo carne, ni coraje
Menos de la mitad de mi nombre
Mi mediodía.

Luis Kimball


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Me basta con haber tenido ilusiones

Además de cálido

lo que brilla es dorado,
Además de cálido.

II

_Y sin embargo, brilla.

III

¿Qué más ha tenido nadie?
Traer una imagen al mundo ya es algo
(aunque sea el reflejo de otra muy parecida)

Luis Kimball


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La recta final del año

Hacia la mitad de noviembre, la ciudad recibe una muestra del frío que pasan en el norte. Kimball supone que podrá usar un abrigo.

Las memorias de Mamá Blanca

Kimball me recomendó "Las Memorias de Mamá Blanca" hace ya varios años. Como un montón de recomendaciones, ésta se fue a la lista de lo que no debía perderme. Tuve el libro esperándome en un librero, hasta que lo perdí: me quedé sin el objeto, con todo y la cubierta de su portada, y como es natural, entonces quise haberlo leído.

Hace unos días, vi mi libro perdido... en realidad, otro objeto pero igualitito que mi libro -como han de ser los 5000 ejemplares que imprimió CONACULTA en 1989-. Kimball estaba leyéndolo; pero es tan amable que me lo dejó. Me metí en Piedra Azul. Ya no necesito ir a Comala para evitar volver a donde he sido feliz. Qué sorpresa la foto de Teresa de la Parra y su caligrafía: debería ser otra, diferente.

Cómo no va a ser difícil que algo le guste a un lector que ha pasado por cosas como ésta.